Finalmente, cuando el odio hacia sí mismo se le presenta como la única escapatoria de su propia mezquindad, como la única vía hacia el perdón, aparece el Prosopopus; Una prosopopeya encarnada que se guía a lo largo de la historia con esa lógica propia de los sueños, con la que se alimenta y se fortalece, haciéndose más y más implacable conforme la idea de que el perdón no llegará se va haciendo definitiva.











